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domingo, 14 de junio de 2015

Ghosttown

Quizás fui tan estúpida como para creer que en la vida las cosas que pasan pueden dejarse correr y que se pueden perdonar los errores de la gente que nos importa. Que no es necesario hacer méritos para poder contar con alguien. 
Pero supongo que estaba equivocada.

jueves, 22 de enero de 2015

Cosas de la vida

La vida va de caerse y levantarse. Nadie te cuenta que tenderás la mano para ayudar a otros a remontar muchas más veces de las que te la tenderán a ti. No te dicen que cuando tus amigos te pidan consejo harás lo posible por ayudarles, pero cuando tú necesites algo te pondrán en lista de espera. O que si eres tú mismo tendrás problemas, pero si no lo eres, también. Tampoco te cuentan nada de las noches en vela ni de las lágrimas a las 2:06 de la mañana cuando decides que no puedes más. Ni que llegará el día en que tengas que pedir ayuda y no sabrás a quién acudir. La vida te dará también algunos buenos momentos, claro. Momentos que pasarán a ser recuerdos, fuentes de nostalgia cuando pase el tiempo. La vida es caer. Caer mucho, y levantarse para avanzar lo que se pueda antes de volver a caer. Aprender a vivir con los golpes, supongo.
Quizás todo esto sea solo la visión de alguien que ha llegado a un punto en el que todo le da igual.

domingo, 19 de enero de 2014

Cosas de la vida

He aprendido algunas cosas de la vida.
Ya me vale, tengo 19 años, si no hubiera aprendido nada a estas alturas definitivamente tendría un problema. 

Lo primero que podría decir que he aprendido es que la vida está hecha para disfrutarla, no para preocuparse por lo que los demás piensen o hagan. Yo me preocupo mucho por lo que la gente piense, sí, pero también por lo que hacen y por cómo lo hacen. Sobre todo si esas personas son mis amigos. Pero, siendo realistas, nadie más que tú puede decidir qué haces y, si no quieres agobiarte por lo que los demás piensen de ti, debes empezar por no preocuparte por lo que otros hagan. Parece lógico, pero me ha costado un tiempo entenderlo.

Otra cosa que he aprendido es que está bien decir que no quieres hacer algo por los motivos que sean. Ser amigo de alguien no implica que tengas que seguirlo al fin del mundo si no te apetece. Si tienes motivos para no querer hacer algo, está perfectamente bien decir "no". Si son tus amigos, te entenderán. Y si no, no deberías preocuparte.
También he aprendido que es bueno cambiar de opinión acerca de todo. Hacer algo que antes no te gustaba solo por probar de nuevo. A veces te sorprendes a ti mismo al descubrir que algo que no querías probar es, en realidad, maravilloso.

Puedes ponerte objetivos en la vida, pero no pueden ser a largo plazo. No puedes concentrarte en alcanzar algo que está lejos, es imposible. Todo lo que pase hasta conseguirlo te parecerá que no te lleva a ninguna perte. La vida no consiste en mirar al pasado ni al futuro, consiste en ser feliz con lo que te rodea en el presente.

Siempre hay alguien en quien puedes confiar. Siempre. Aunque te parezca que no, que tus padres no te entienden, tus amigos te dejan de lado y tu perro prefiere a tu vecino, siempre hay alguien en quien puedes confiar. Tu tía, a la que ves muy de vez en cuando. La vecina del 9º, esa que baja a por el pan en zapatillas. Un profesor. Tu hermano mayor. Siempre hay alguien que te tenderá la mano si se lo pides.

A veces es bueno hacer listas de todo lo que tienes. No me refiero a un inventario. Bueno, sí, pero no. Puedes abrir un cuaderno y empezar a apuntar: una casa, un teléfono, ropa, una familia, salud, amigos, educación. Puede que tu casa sea pequeña, tu teléfono, anticuado, y tus padres no estén siempre en casa. Pero hay gente con menos cosas. Y si crees que tú eres una de esas personas, piensa en cuántos amigos tienes, en cuánta gente se preocupa por ti. Siempre hay algo.

No es cierto que las cosas pasan por casualidad, al menos no del todo. Si quieres algo, esfuérzate hasta que lo consigas. Es muy difícil levantarse temprano y ser productivo, sí. Pero merece la pena. Decimos "qué suerte tienes" a alguien que ha conseguido algo que quería porque no vemos el esfuerzo que hay detrás. Los meses ahorrando para pagarse el viaje a Nueva York, las horas delante del ordenador para comprar la edición firmada de su disco favorito. 

Tienes que creer en ti mismo: vales más de lo que piensas. Es así. Sí. Que sí. Nadie nace sabiendo hacerlo todo; nadie es perfecto. Cada uno tiene sus manías y sus defectos, su talón de Aquiles. Pero también tenemos virtudes, esperanzas, sueños. Y es la mezcla de ambas cosas las que nos hace únicos, reales, humanos.

martes, 16 de abril de 2013

Iba a poner un título ingenioso pero no se me ocurre ninguno. Patata.


Pienso, planeo y hablo en exceso. Eso es malo. Todo en exceso es malo.
Pensar mucho lleva a plantearse situaciones que no sucederán, como conocer a un famoso en su mansión o inventar la cura para cualquier enfermedad. Como sabemos que no ocurrirá (a no ser que seamos millonarios o condenadamente listos) nos deprimimos. Pensar en exceso lleva a la depresión.
Planear las cosas es bueno, la organización es útil. Pero si se abusa de la planificación nos convertimos en maníacos del orden y no hay quien nos aguante. Uso el plural de cortesía, no crean mis (pocos) lectores que tengo prejuicios acerca de nadie. De los prejuicios ya hablaré luego. (En un par de milenios, año arriba, año abajo).
Hablar en exceso es insoportable. A veces, por caer bien o por rellenar esos silencios tan poco agradables entre casi-desconocidos comenzamos a parlotear y ¡hale! que nos escuche quien quiera. Y eso cansa. Yo soy consciente de que a veces hablo más que escucho, y esto no siempre ha sido así. 
Es más, estas tres cualidades que he desarrollado en su máxima potencia no las tenía hace tres años.
La gente cambia, sí. Cambian nuestros gustos, nuestros peinados y la forma de hablar. Un día somos desorganizados, y en dos meses somos planeadores de bodas y comuniones. Una mañana te despiertas y ves claramente todas las opciones que el día te plantea y lo que ocurriría de seguir cada una. De pronto estás con tus amigos y sientes la necesidad de contarles la marca de comida de tu perro y los beneficios que aporta a su salud. Te mirarás al espejo y dirás "ni yo sola me entiendo, soy un bicho raro". Pero, ¿quién quiere ser normal de todas formas?