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domingo, 14 de junio de 2015

Ghosttown

Quizás fui tan estúpida como para creer que en la vida las cosas que pasan pueden dejarse correr y que se pueden perdonar los errores de la gente que nos importa. Que no es necesario hacer méritos para poder contar con alguien. 
Pero supongo que estaba equivocada.

viernes, 20 de marzo de 2015

Febrero

Hoy he dedicado unos minutos a pensarte. Y he descubierto que echo de menos a la persona con la que hablaba. Pero esa persona no eres tú, porque yo ya no soy yo. Antes hablábamos de otra forma porque yo era diferente, y eso es lo que me falta.
Ya se ha acabado el verano. Quiero creer que ahora me motivan otras cosas, que pienso de otra forma, que puedo resolver yo sola mis propios problemas. En definitiva, quiero creer que he cambiado. Pero sé que lo que he conseguido no es suficiente, que aún me falta camino por andar. 
Lo sé porque hoy he dedicado unos minutos a pensarte y el resto del día a tratar de olvidarte.

jueves, 22 de enero de 2015

Cosas de la vida

La vida va de caerse y levantarse. Nadie te cuenta que tenderás la mano para ayudar a otros a remontar muchas más veces de las que te la tenderán a ti. No te dicen que cuando tus amigos te pidan consejo harás lo posible por ayudarles, pero cuando tú necesites algo te pondrán en lista de espera. O que si eres tú mismo tendrás problemas, pero si no lo eres, también. Tampoco te cuentan nada de las noches en vela ni de las lágrimas a las 2:06 de la mañana cuando decides que no puedes más. Ni que llegará el día en que tengas que pedir ayuda y no sabrás a quién acudir. La vida te dará también algunos buenos momentos, claro. Momentos que pasarán a ser recuerdos, fuentes de nostalgia cuando pase el tiempo. La vida es caer. Caer mucho, y levantarse para avanzar lo que se pueda antes de volver a caer. Aprender a vivir con los golpes, supongo.
Quizás todo esto sea solo la visión de alguien que ha llegado a un punto en el que todo le da igual.

miércoles, 4 de junio de 2014

Miedos

No nos atrevemos a decir las cosas que sentimos tal y como las sentimos. O a lo mejor soy solo yo. El miedo al rechazo es tan irracional como el miedo a las mariposas (sin ánimo de ofender a las personas que les tengan fobia). Sin embargo, todos lo tenemos. Todos queremos encajar y ser aceptados.

Si todos los seres humanos están convencidos de que las cosas se hacen de una manera, resulta difícil convencerlos de que hay otras formas. Cuando alguien se sale de la “norma”,  recibe críticas, y esto nos hace daño: las críticas son formas de rechazo. No queremos que nos rechacen, pero no queremos ser (o no somos) como ellos. Pero supongo que nos resulta más fácil nadar en la misma dirección que el resto en lugar de ir a contracorriente y acabar arrollados.

viernes, 29 de noviembre de 2013

A veces decimos cosas de las que nos arrepentimos. La mayoría de esas cosas son promesas. O afirmaciones. Como "este año estudio desde el primer día" o "no quiero volver a verte".
A veces esas cosas nos las dicen a nosotros y no sabemos cómo reaccionar. Si alguien en quién confías te dice algo que no te esperas, por ejemplo. Uno se da cuenta de lo que dice, por supuesto, y se arrepiente. Pero admitir un error públicamente es algo más complicado que simplemente pensar "oh, esto estaba fuera de lugar, lo he exagerado y debería pedir perdón".

martes, 16 de abril de 2013

Iba a poner un título ingenioso pero no se me ocurre ninguno. Patata.


Pienso, planeo y hablo en exceso. Eso es malo. Todo en exceso es malo.
Pensar mucho lleva a plantearse situaciones que no sucederán, como conocer a un famoso en su mansión o inventar la cura para cualquier enfermedad. Como sabemos que no ocurrirá (a no ser que seamos millonarios o condenadamente listos) nos deprimimos. Pensar en exceso lleva a la depresión.
Planear las cosas es bueno, la organización es útil. Pero si se abusa de la planificación nos convertimos en maníacos del orden y no hay quien nos aguante. Uso el plural de cortesía, no crean mis (pocos) lectores que tengo prejuicios acerca de nadie. De los prejuicios ya hablaré luego. (En un par de milenios, año arriba, año abajo).
Hablar en exceso es insoportable. A veces, por caer bien o por rellenar esos silencios tan poco agradables entre casi-desconocidos comenzamos a parlotear y ¡hale! que nos escuche quien quiera. Y eso cansa. Yo soy consciente de que a veces hablo más que escucho, y esto no siempre ha sido así. 
Es más, estas tres cualidades que he desarrollado en su máxima potencia no las tenía hace tres años.
La gente cambia, sí. Cambian nuestros gustos, nuestros peinados y la forma de hablar. Un día somos desorganizados, y en dos meses somos planeadores de bodas y comuniones. Una mañana te despiertas y ves claramente todas las opciones que el día te plantea y lo que ocurriría de seguir cada una. De pronto estás con tus amigos y sientes la necesidad de contarles la marca de comida de tu perro y los beneficios que aporta a su salud. Te mirarás al espejo y dirás "ni yo sola me entiendo, soy un bicho raro". Pero, ¿quién quiere ser normal de todas formas?