– Tío, déjalo, es inútil.
–
No, espera, ayúdame, tenemos que levantar esto.
– No
puedo acercarme más.
–
Sube a esa viga, no me seas.
–
Vale, a ver si así…
–
Vamos, a la de tres. Una, dos, ¡ya!
–
Avanza, avanza, dale, venga vamos, ¿dónde soltamos esto ahora?
–
Aquí mismo, no te alteres. Por fin puedo abrir el baúl. Tú comprueba que no
viene nadie.
–
¿Quién va a venir? Ya nos hemos deshecho del guardia de la entrada.
–
Sí, pero estamos armando jaleo. A ver si un vecino va a llamar a la policía o
algo.
–
Cualquier vecino que oiga ruidos en un edificio abandonado de noche se irá a
dormir con la luz encendida máximo.
– Tú
compruébalo, ¿quieres?
–
Tío, tío ¡tío, tío, tío! ¿Qué ha sido eso?
–
¿Has visto algo?
–
Sí, a ti cagándote en los pantalones.
–
¡Serás capullo! Casi me da un infarto. Ya iba a cambiar la linterna por la
pistola y todo.
–
Relájate, anda. Vámonos, ya tenemos lo que nos han pedido que buscáramos.
–
Vale, salgamos por aquí.
–
¿Te crees que soy idiota? Por ahí se sube a la quinta planta. Tenemos que
bajar.
–
Vamos, ya que estamos aquí…
–
Sabía que ibas a querer explorar todo el maldito edificio cuando me contaste la
misión. Yo voto por largarnos a recibir la recompensa.
–
¿Quién es el cagueta ahora? Que el edificio está abandonado, vamos a abrir unas
cuantas puertas.
– La
próxima vez me lo pienso antes de ir contigo a donde sea.
–
Pero ¿qué tenemos aquí?, ¡dinero! Y solo he tenido que abrir el primer cajón
del mueble de la entrada.
–
Comparte, ¿no? Que hay mucho dinero ahí.
–
Pues venga, menos quejarte y más explorar. A lo mejor me pienso lo de llamarte
para la próxima partida, quejica.
–
Vale, creo que he escuchado algo moverse.
–
¿El viento quizás?
–
Puede. Supongo, sí. ¡Oye, este espejo apenas está quemado! ¿Nos lo llevamos?
–
¿Tu crees que en la tienda nos van a dar más de 15 pavos por esta mierda?
Además, no podemos llevar muchas cosas, reservémonos para los botines
interesantes.
–
Vale, sí. Pues en esta habitación no hay nada más. ¿Y por allí?
–
Aquí hay unos libros que parecen antiguos. Ven a echarles un vistazo.
–
Déjame ver. Tú vigila, ¿eh? Vaya a ser que venga alguien.
–
Capullo.
– Me
guardo los libros, que no están muy quemados. A ver cuánto sacamos por ellos.
–
Tío, tío ¡tío, tío, tío! ¡Ahí se ha movido algo!
– No
cuela, venga. Vámonos.
–
Que te digo que algo se ha movido.
– Pues
más motivos para irnos, ¿no crees?
–
Vale, salimos por a…
–
¿Esto es de coña?
–
Joder, no me lo puedo creer, esto es increíble, no, no puede estar pasando.
–
Tío, haz algo, no quiero morir aquí.
–
¿Algo como qué? Son muchos.
–
¿Por qué zombis? ¿Por qué no podían perseguirnos mariposas?
–
¿Este es el mejor momento para citar Harry Potter?
–
Joder, tío. Joder. Sólo espero que mi mujer no se entere por las noticias.
– ¡Todavía no está todo perdido! Vamos a la siguiente
planta, para ganar espacio. Y además, dudo que nadie se entere de esto. Es lo
que tú dijiste, ¿qué vecino va a llamar a la policía? ¡Si después de todo este
tiempo la mayoría cree que ya se han extinguido!
– Pero no todos lo creen. A lo mejor por eso te pagaban
tanto por recuperar los papeles esos.
–
¡Mierda! ¡Son muchos!
–
Tenemos un problema.
–
¿No me digas? ¿Otro?
– La
puerta no se abre.
–
¡Pégale una patada, carajo, que estas cosas no dejan de acercarse!
– Se
abre hacia dentro, listo. No hay nada que hacer.
–
¿¡Te rindes!?
–
¿Qué quieres que haga si no? No tenemos suficientes balas.
–
Joder tío, lo siento, no debí haberte pedido que me acompañases.
–
Para eso están los amigos, al parecer. Para morir a tu lado en un edificio lleno
de zombis.