Cuando nos acostumbramos a tener todo con solo pulsar o rozar un botón o una pantalla y en cuestión de segundos, nada que tarde en realizarse cumplirá nuestras expectativas.
¿Por qué escribir si podemos improvisar? ¿Para qué leer si tenemos resúmenes online o amigos que leen?
Cuando se acaba la batería del móvil o se estropea el portátil ya nadie sabe que hacer. Si se cuelga una red social el mundo se nos viene abajo.
¿Dónde ha quedado nuestra paciencia?
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Voy a consultarlo en Google.